Un canto al reggae en el muro de Berlín

•20 junio 2011 • 1 comentario


Lo último que uno espera encontrar en el muro de Berlín es un guetto reggae: bares, skates park, música jamaicana, y unos cuantos puestos de venta en las torretas que un día sirvieron para vigilar que nadie pasara el cruce que separó en la Guerra Fría a las dos alemanias. Varios metros de muro están pintados con graffitis de colores llamativos y de trazo limpio, dibujos que bien podrían merecer algún reconocimiento y que no dejan de pasar inadvertidos para los que lo visitan. (Pinchar sobre las imágenes para tamaño completo)

Frente al muro un río da paso a la parte de Berlín que estuvo controlada por los soviéticos, la edificación, incluso la ilumninación, difiere mucho del modelo que quisieron los occidentales para este lado. Aquel lugar está plagado de fábricas que ahora parecen abandonadas, los edificios siguen un riguroso boceto que distribuye su planta en un rectangulo perfecto desde donse se alzan las infranqueables paredes.


Estas dos fotografías ilustran el tipo de edificación que predomina en la parte de Berlín que estuvo controlada por los soviéticos en el contexto de la Guerra Fría, al término de la Segunda Guerra Mundial.

La cuna del arte, el hogar de los artistas

•20 junio 2011 • Dejar un comentario

Seguimos en el interior del edificio Tacheles, en Berlín, donde los pisos se distribuyen entre pintadas y carteles. A penas cuenta con un par de luces por planta pero la que entra de las ventanas es suficiente para andar sin tropezar por sus pasillos. (Pinchar sobre la imagen para tamaño completo)

Willkommen in Tacheles

•9 abril 2011 • Dejar un comentario

Finales de febrero de 2011

Esta es la entrada que da al patio interior de Tacheles, en él se exponen esculturas y construcciones de grandes dimensiones hechas por los inquilinos de este antiguo edificio, desde un gallo o un toro hecho con tiras de cobre hasta un ramaje de hierro que imita la figura de un bonsái, sin olvidar un par de camionetas antiguas y pintadas al más estilo setentero. Sus propietarios hacen vida en torno a las obras que ponen a la venta o que prestan para el deleite visual mientras se resguardan bajo un techo improvisado y poco estable. La temperatura ronda los ocho grados bajo cero y según los entendidos, los doce negativos registrados ayer no son propios de la rutina berlinesa, es por eso que los que ahora exponen sus obras van ataviados con capas de ropa y no paran de moverse dando vueltas alrededor de las sillas y entre los curiosos que se acercan, esperando, al parecer, entrar en calor u olvidar la gélida sensación corporal.

Finales de febrero de 2011

 

Tacheles pierde inquilinos

•7 abril 2011 • 3 comentarios

Tacheles, un antiguo edificio ubicado en la capital berlinesa, va perdiendo a golpe de talonario a muchos de los okupas que sostienen la esencia del proyecto. Cuando uno visita este lugar siente estar en plena libertad de movimiento y hospitalidad con respecto a los que viven allí. El asfalto de la entrada es pedregoso y cruzando el umbral de la puerta unas pequeñas escaleras de distintas alturas conducen a un primer piso. Este es amplio y tan solo hay una puerta de grandes dimensiones, vasta, alta y que da la sensación de ser estrecha. Un par de ventanales orientan la vista a la calle Orianenburgur, donde la gente pasea y empieza su salida nocturna por los bares de la zona. Las paredes están cubiertas por pintadas, grafitis, símbolos, slogans, firmas hechas con distintos tamaños, colores, trazos y texturas, es un caos que, siguiendo en todos los pisos del edificio la misma temática de color, dibujos y motivos, resulta ordenado y nada agresivo para la vista.

En cada planta hay un pasillo que se abre a distintos estudios, algunos son grandes y otros son del tamaño de una habitación corriente. El techo es alto y las paredes aquí sólo tienen colgando algunos carteles y obras de los artistas, quienes sacan productos artesanales, desde postales, pasando por cuadros o fotos, hasta ropa o música. Ellos, los genios que dan vida a Tacheles, permanecen sentados o charlando con amigos en el estudio, otros mientras contemplas sus obras trabajan en un nuevo proyecto. Es extraño, para alguien que vive fuera de estas costumbres tan amigables, entrar en el cuarto donde vive una persona y ver lo que ha hecho hasta ese momento mientras esta permanece sentada frente al ordenador, o frente a un folio en blanco. Allí es de lo más normal. Antes de entrar hay que observar si en la puerta hay algún papel informando: “OPEN” o “CLOSE”. En otros carteles figura una lista de “precios” que en algunos casos es el detalle que uno pueda dejar.

Una calle sin comercios

•15 marzo 2011 • Dejar un comentario

Finales de septiembre de 2010 Nada más salir del callejón que el joven marroquí nos enseñó en su barrio vamos a parar a otra calle, esta más ancha y mejor asfaltada. El muro de la derecha pertenece a la fortificación que rodea el Palacio El Balí. El muro de la izquierda forma parte del entramado de viviendas que al otro lado reparte sus aceras en callejones estrechos o patios interiores.

Una anciana con un saco en la espalda

•14 marzo 2011 • Dejar un comentario

Finales de septiembre de 2010

Algunos protagonistas

•13 marzo 2011 • Dejar un comentario

Finales de septiembre de 2010 En los alrededores del mercado bereber las viviendas de una única planta, como mucho dos, se abren paso con grandes toldos. A veces estos no son más que una manta vieja colocada sobre dos palos sujetos con fuerza encima de las puertas abiertas de las casas. Finales de septiembre de 2010

En esta fotografía aparecen dos niños: uno con la bata del colegio y un bocadillo en la mano y el otro sin bata ni bocadillo y con un problema en la cremallera del pantalón. El de la cremallera maneja el castellano con sorprendente fluidez y conoce la mayoría de los nombres de los jugadores del Barça y probablemente del Real Madrid. Como él, los chavales de su edad se prestan como guías para conocer los rincones de la Medina, algunos inaccesibles para cualquiera que parezca de fuera. Son jóvenes cuyo aprendizaje en las calles les ha forjado una personalidad abierta y fuerte, nada temerosa ni tímida. Hablan con seguridad de lo que conocen y andan como si el suelo que pisan fuera el de su casa. Nos contaba que cerca había una sinagoga pero que ahora estaba cerrada por ser shabat, ” lo que para nosotros es el Ramadán”, decía sonriente. Este joven nos enseñó además los callejones más abandonados de este barrio marroquí.Fibales de septiembre de 2010

 
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